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Plantas curativas

Plantas curativas

Seguramente tu mamá o tu abuelita en alguna ocasión te ha preparado un tecito de manzanilla o de menta si te dolía la panza, por ejemplo. Además de todos los beneficios de los que hemos platicado antes, las plantas son nuestras aliadas a la hora de cuidar nuestra salud.

Mucho antes de que existieran los laboratorios o las grandes empresas farmacéuticas, las personas se curaban con las plantas que encontraban. De hecho, muchas de las medicinas que puedes comprar en una farmacia tienen como base extractos o componentes de algunas plantas. La aspirina, por ejemplo, está hecha de un compuesto que se llama ácido salicílico que se extrae de la corteza del sauce.

En México, y en especial en Oaxaca, la herbolaria tiene una tradición de cientos de años. Por ser un país mega-diverso, contamos con una gran variedad de plantas que sirven para muchas cosas como cocinar, hacer papel y otros productos y también para sanar.

Se pueden usar diferentes partes de la planta con fines curativos. Se pueden usar las hojas, las flores, las semillas, la corteza o la raíz. También la forma de preparación y aplicación son diferentes. Las raíces y cortezas por lo general se tienen que cocer mucho más tiempo que las hojas o las flores. Se pueden preparar tisanas, tinturas, cataplasmas, compresas, enjuagues, jarabes, jugos, lavados… Las posibilidades son muchísimas.

¿Y tú? ¿Cuáles plantas medicinales conoces?

El otoño

El otoño

Uno de los procesos más bellos de la naturaleza se lleva a cabo en otoño, cuando las hojas cambian de color. Pero, ¿sabes cuál es el proceso científico detrás de este espectáculo de la naturaleza? Para entenderlo te invitamos a realizar un experimento.

Vas a necesitar:

–          Hojas

–          Un frasco pequeño de vidrio

–          Tapa para el frasco o papel aluminio

–          Alcohol

–          Un filtro para café

–          Una bandeja

–          Agua caliente

–          Un cuchillo o cuchara de plástico

Procedimiento:

Recolecta 2 o 3 hojas grandes del mismo tipo de árbol. Corta las hojas en pequeños pedazos y ponlas en los frascos. Añade suficiente alcohol como para cubrir las hojas. Usando el cuchillo o cuchara macera las hojas en el alcohol. Tapa el frasco pero que la tapa o el aluminio queden sueltos.

Con la ayuda de un adulto, coloca el frasco en una bandeja y agrega agua caliente hasta que cubra las hojas. Espera al menos media hora hasta que el alcohol tome color. Menea suavemente el frasco y agrega más agua caliente si es necesario.

Saca el frasco del agua y ábrelo. Corta una tira del filtro para café y colócala dentro del frasco hasta que toque el alcohol. Pega el otro extremo al frasco con cinta adhesiva.

El alcohol viajará a través del filtro con todo y colores. Después de 30 a 90 minutos podrás ver los distintos colores de la hoja en el filtro.

¿Qué pasó?

La clorofila es el compuesto verde que esconde los otros pigmentos de las hojas. En el otoño, la clorofila se descompone y permite que se observen los demás colores. La mezcla de pigmentos de la hoja se pueden separar en bandas de color usando el papel.

La luna roja

La luna roja

Por Pedro Pablo Sacristán

Había una vez un pequeño planeta muy triste y gris. Sus habitantes no lo habían cuidado, y aunque tenían todos los inventos y naves espaciales del mundo, habían tirado tantas basuras y suciedad en el campo que lo contaminaron todo y ya no quedaban ni plantas ni animales.

Un día, caminando por su planeta, un niño encontró una pequeña flor roja en una cueva. Estaba muy enferma, a punto de morir, así que con mucho cuidado la recogió con su tierra y empezó a buscar un lugar donde pudiera cuidarla. Buscó y buscó por todo el planeta, pero estaba tan contaminado que no podría sobrevivir en ningún lugar. Entonces miró al cielo y vio la luna, y pensó que aquel sería un buen lugar para cuidar la planta.

Así que el niño se puso su traje de astronauta, subió a una nave espacial y huyó con la planta hasta la luna. Lejos de tanta suciedad, la flor creció con los cuidados del niño, que la visitaba todos los días. Y tanto y tan bien la cuidó, que poco después germinaron más flores. Y esas flores dieron lugar a otras y en poco tiempo la luna entera estaba cubierta de flores.

Por eso de cuando en cuando, cuando las flores que cuidó el niño se abren, durante algunos minutos la luna se tiñe de un rojo suave, y así nos recuerda que si no cuidamos la Tierra, llegará un día en que sólo haya flores en la luna.

Composta

¿Sabías que casi la mitad de la basura que tiras son desechos orgánicos? ¿Y que si los procesas podrías obtener el mejor fertilizante para tus plantas?

A lo mejor conoces una versión muy simple de la composta. Si tienes un jardín en casa, seguramente hay una pila por ahí donde juntas las hojas secas. Con el paso del tiempo, se van descomponiendo y lo que queda lo puedes esparcir por el jardín como un fertilizante.

Pero no sólo las hojas secas sirven para hacer composta. Todos los desechos orgánicos de la cocina y el jardín, papel, cabellos, restos de café y té, sirven para producir un fertilizante de gran calidad para tu huerto o jardín.

Para hacer una composta se requieren cuatro ingredientes: carbón para proporcionar energía (hojas secas, bolsas de papel y cartón), nitrógeno (restos de cocina o desechos del jardín que todavía están verdes) para que puedan crecer y reproducirse los organismos que oxidan el carbón, oxígeno para el proceso de descomposición y agua para mantener la actividad.

Además, al hacer composta en casa ayudas a reducir los gases invernadero que ocasionan el calentamiento global. Y si separas y reciclas los desechos de tu casa y además haces composta, vas a ver cómo quedan muy pocas cosas que tirar a la basura. Otra forma más de cuidar el medio ambiente.