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Oaxaca ciudad patrimonio I

Oaxaca ciudad patrimonio I

Una historia de casi tres décadas

¿Qué define el valor de una ciudad? ¿Son sus monumentos, su arquitectura y calles, lo antiguo de su historia, el valor de sus tesoros?

Puede ser que, desde una mirada muy superficial, eso sea lo que para muchos represente el sentido patrimonial de un lugar. Sin embargo, no olvidemos que estas definiciones no son sino construcciones sociales que avalan un grupo de principios acordados entre otro grupo de personas que se centran en una visión muy general de la realidad de los lugares que se declaran como patrimonio de todos, es decir de la humanidad.

El origen de estas declaratorias se pude ubicar en la XVII Conferencia General de la UNESCO que se llevó a cabo en París en 1972. El objetivo era la protección de una serie de lugares y valores universales particulares con el fin de que se preservara su existencia en el tiempo; misión que por desgracia en muchos casos ha sido fallida y que nos debería hacer reflexionar sobre el sentido de estos hechos.

El Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca recibió esta denominación junto con la zona arqueológica de Monte Albán en el año de 1987. Desde entonces, se ha ondeado la bandera del patrimonio de manera constante como si su pura etiqueta redefiniera el sentido de la ciudad misma.

Con todo esto es evidente, y está registrado, que el proceso de deterioro del Centro Histórico de la ciudad no sólo no se ha detenido, sino que cada vez enfrenta más amenazas. Muchas de ellas producto de un entendimiento confuso del sentido de herencia de un lugar y otras tantas resultado del paso del tiempo y la aparición de nuevos retos, frente los cuales ciudades como la nuestra no han sido capaces de adaptarse.

Pese a dichos conflictos, lo cierto es que formar parte del grupo de lugares elegidos para ser preservados debería suponer un estímulo y un compromiso con el lugar, pero sobre todo con sus habitantes. Porque de nada sirve tener un apellido ilustre si en la realidad los miembros de la familia viven en malas condiciones y la casa está deteriorada.

Casi 27 años después de la entrada de una porción del entramado urbano de la ciudad a esta selecta lista, debería ser el momento de hacer una profunda reflexión sobre cuál es el estado de las cosas y qué ha dejado como proceso de aprendizaje esta situación. Qué cosas han mejorado, cuáles siguen igual y qué otras deberíamos intentar modificar para asegurar el mejor estado de las cosas.

Esta reflexión resulta indispensable al tiempo de que cada vez se hace más evidente la necesidad de actualizar conceptos ya desgastados, así como enfrentar los retos que tiene una ciudad delante de si luego de más de un cuarto de siglo de que se haya hecho esta declaratoria. Nos referimos a que hoy en día las ciudades enfrentan problemas que en los tiempos en que se inscribieron este y otros lugares ni siquiera se mencionaban.

Contaminación del medio ambiente natural donde se inserta la ciudad, deterioro de la salud física y emocional de sus habitantes, exceso de vehículos automotores y un consecuente incremento de las emisiones contaminantes a la atmósfera y ruido, carencia de áreas verdes, etc. Son retos con los que todos los días convive la ciudad y sus habitantes y ante los cuales es necesario ofrecer alternativas.

Sobre todo cuando como en el caso de ciudades como la nuestra, el Centro Histórico cumple una función que va más allá de mera perspectiva “cultural” del problema.

El centro de esta ciudad es el epicentro en sí de las actividades sociales de la urbe, pero también lo es de la estructura económica y funcional de un territorio que se extiende por miles de kilómetros cuadrados –literalmente- ante la constitución de un sistema de operación regional bajo el cual se opera hoy día.

La ciudad de Oaxaca y los 600 mil habitantes que suman la zona metropolitana es un ente administrativo que acapara una gran parte de las actividades productivas y socio-culturales de la región. Por este motivo es que el que su corazón urbano esté en buen estado y actualizado en los tiempos que se viven hoy día, resulta por demás importante para la salud de todo un sistema que sólo tiene sentido porque está habitado por personas.

Dentro de dos semanas la ciudad será anfitriona de un evento que reunirá a muchos otros miembros del grupo de ciudades patrimonio. Quizás sea una buena oportunidad para tratar de discutir juntos estos retos y buscar una redefinición del sentido actual de ser un lugar que se ha declarado de interés para todos habitantes del planeta, pero mucho más para nosotros, quienes aquí vimos.