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Tema del año 2017: Derecho a la Ciudad

Luciana Renner

Las ciudades y su diseño fueron creados por el ser humano, y responden a sus necesidades y deseos más profundos. Sin embargo, no todas las personas pensamos y deseamos lo mismo, y esta condición las vuelve territorios en constante negociación. Su organización política y económica es capaz de generar acciones en beneficio de los habitantes de las ciudades, pero también de construir desigualdades en sus modelos de desarrollo urbano.

En este contexto y ante la tendencia de crecimiento acelerado de las ciudades, surge desde la sociedad civil organizada, una motivación por generar conciencia en este tema e involucrar a los distintos niveles de gobierno, organismos nacionales e internacionales y a la ciudadanía en general, en asegurar una vida digna para todos los habitantes de las ciudades. Esta nueva perspectiva surge bajo el concepto del Derecho a la Ciudad, que si bien fue abordado por primera vez por el filósofo francés Henri Lefebvre en los años 60, posteriormente amplió sus definiciones y campo ideológico. La Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad promulgada en 2005, lo define como “el usufructo equitativo de las ciudades dentro de los principios de sustentabilidad, democracia, equidad y justicia social. Es un derecho colectivo de los habitantes de las ciudades, en especial de los grupos vulnerables y desfavorecidos, que les confiere legitimidad de acción y de organización, basado en sus usos y costumbres, con el objetivo de alcanzar el pleno ejercicio del derecho a la libre autodeterminación y un nivel de vida adecuado.”

En palabras del geógrafo y sociólogo urbano David Harvey, es “el derecho de toda persona a crear ciudades que respondan a las necesidades humanas. El derecho a la ciudad no es simplemente el derecho a lo que ya está en la ciudad, sino el derecho a transformar la ciudad en algo radicalmente distinto”.

Cabe mencionar, que El Derecho a la Ciudad fue reconocido recientemente como uno de los pilares dentro de la Nueva Agenda Urbana, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible Hábitat III, celebrada en Quito, Ecuador en el año 2016, la cual orientará los esfuerzos en materia de desarrollo de las ciudades para los próximos 20 años.

Este 2017 Casa de la Ciudad llevará a cabo una serie de actividades para promover una reflexión en torno a este concepto y a los retos que enfrentan las ciudades en la actualidad para lograr ofrecer condiciones y oportunidades de equidad para todos sus habitantes. Los invitamos a participar activamente con nosotros, y a ejercer su derecho a construir la ciudad que desean. Como dice Harvey, “si nuestro mundo urbano ha sido imaginado y luego hecho, puede ser re-imaginado y re-hecho”.

Tema del año 2016: Paisajes

 

En enero de este año, Casa de la Ciudad celebra su 12º aniversario, a lo largo del trayecto recorrido hemos explorado distintos ejes temáticos relacionados al urbanismo y el patrimonio a través de la realización de proyectos y actividades como conferencias, exposiciones, seminarios, talleres, entre otras. A partir del 2011 se estableció una temática anual con la finalidad de explorar durante el año en curso, y desde diversos frentes, un sólo tema, lo que ha permitido un cierto nivel de especialización en materia de movilidad, agua, áreas verdes, mercados y periferias.

Durante este 2016, Casa de la Ciudad eligió como tema de estudio el paisaje y estará desarrollando actividades en torno a los distintos territorios que conforman la mancha urbana de Oaxaca explorando a través de este, las distintas realidades y circunstancias que convergen en la ciudad. El paisaje como marco de la vida cotidiana de una población y como hilo conductor de los distintos entornos que confluyen en este territorio.

El paisaje, en el estricto sentido de la palabra, es considerado como una extensión de terreno que es vista desde un sitio en particular y que puede, en algunos casos, ser considerado en su aspecto artístico; por su valor natural, edificado o cultural. En la actualidad, la tendencia expansiva de crecimiento de las ciudades nos obliga a repensar el concepto de paisaje y visualizarlo en un sentido amplio, el paisaje ya no es más ese territorio ajeno y lejano cuyas únicas atribuciones son consideradas desde un punto de vista estético o ambiental. Hoy, el paisaje es también el territorio artificial construido producto de una cultura y el escenario de la vida cotidiana de cualquier población.

A través de una serie de actividades como conferencias, talleres, proyecciones, intervenciones, campañas y diversas actividades académicas, buscaremos generar reflexiones que nos permitan establecer una lectura sobre cómo hemos ido construyendo el paisaje que da forma a nuestra ciudad y como estamos construyendo el paisaje a futuro. Qué sucede con nuestros entornos históricos, urbanos, semiurbanos y rurales, cuál es el hilo conductor que estamos tejiendo para unirlos y cómo estamos dando forma al territorio que habitamos.

La apariencia y forma que han moldeado el paisaje del territorio que habitamos, han sido determinadas por las decisiones políticas y las relaciones sociales que convergen en él. Su conservación y cuidado, así como su proyección a futuro, dependen de cómo logremos articular estas variantes hacia un desarrollo sustentable que permita aprovechar al máximo los recursos con que cuenta el territorio.

En ese sentido, Casa de la Ciudad se perfila como una plataforma que busca incidir en la formulación de estas políticas y tender puentes que permitan socializar los procesos de planeación que moldearán el paisaje de Oaxaca en el futuro.

Los invitamos a ser actores activos en esta serie de reflexiones y actividades que tenemos programadas a lo largo del año.

 

Oaxaca… ¿Transitando hacia una “ciudad cruda”?

“Como resultado. La nueva ciudad Americana es ligada a un omelet deshecho: huevos, vegetales, una pizca de sal, donde cada ingrediente se come por separado y crudo.”

Andres Duany, Elizabeth Plater-Zyberk y Jeff Speck. Suburban Nation.

Como resultado de una economía petrolera, las ciudades mexicanas se encuentran inmersas en una dinámica que desfavorece al peatón. Podría resultar increíble pensar que nuestros códigos urbanos estén afectados por este paradigma de hacer ciudad e incluso jueguen a favor de la pérdida del espacio público, pero así es. Tenemos códigos urbanos obsoletos que muestran letras y números inservibles para el desarrollo urbano, produciendo piezas de un rompecabezas imposible de armar, resulta utópico concebir a la ciudad como una mezcla infinita de interacciones que nadie puede controlar, constantemente se crean modelos de ciudades obsoletas donde se deja atrás una filosofía humanista para pasar a un pensamiento racionalista donde se organizan zonificaciones que obligan al ciudadano a disfrutar por separado de su hábitat urbano.

Al parecer en México, durante mucho tiempo se pretendió ir en contra de la naturaleza de nuestras ciudades, intentando copiar modelos urbanos extranjeros. Como descendientes de una cultura europea, nuestras ciudades en su estado más puro cuentan con características de ciudades vivas. Los centros históricos de las ciudades de México desde siempre han sido el corazón de infinidad de actividades vivificantes que surgen de manera inesperada, no planeadas por alguien sino debido a las necesidades que la misma ciudad generó, no se sigue un orden preestablecido ni una zonificación organizada.

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¿Por qué si los centros de las ciudades hacen más vivible y caminable el espacio urbano, tratamos de ir en contra de la naturaleza de nuestras ciudades? Si podemos analizar un poco nuestros centros históricos apreciaremos que se generan ambientes caminables, con diferentes cosas por hacer, si deseamos, podemos comer, divertirnos, trabajar y hasta vivir en ellos debido a la intensidad de usos con los que cuenta… si la respuesta a nuestras necesidades está a la vista, entonces por qué cuando se generan proyectos con soluciones urbanas basadas principios como el incremento de intensidades de actividades y habitantes, caminabilidad, mezcla y diversidad de usos son causa de incertidumbre e incluso el rechazo.

Si se pretende que Oaxaca transite a un modelo de ciudad vivible y sustentable, deberíamos de aspirar a dejar atrás el pensamiento racionalista y buscar desde todos los ámbitos (gubernamentales, sociales y académicos) transitar a una filosofía humanista, donde se haga ciudad para el peatón. De esta manera se puede evitar que Oaxaca se convierta en una “ciudad cruda”, donde los ambientes agradables sean una secuencia interminable de vivencias inolvidables y no un omelet de eventos que se obligan a comer por separado y crudos.

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M.N.U. Arq. Víctor Manuel Mendoza García

Isla de calor

Los espacios urbanos que poblamos en la actualidad son grandes extensiones de suelo casi siempre de baja intensidad constructiva y densidad poblacional, donde la existencia de masa vegetal es muy limitada. Particularmente las calles de las ciudades y de casi cualquier asentamiento se han convertido en lugares pétreos, duros, sin remansos que permitan realizar una caminata de forma confortable y segura.

El cómo las calles en las urbes se han transformado tan profundamente en tiempos recientes tiene un origen bastante ordinario. Éstas se han adaptado paulatinamente en los últimos cien años para dar paso a los diferentes tipos de medios que las circulan, particularmente los vehículos de motor que en la actualidad colapsan y contaminan nuestras manchas urbanas.

Esta reflexión toma sentido por una razón en particular. Las ciudades de nuestro país no hacen otra cosa que expandirse sin mucho orden lógico. Mientras la población se incrementa paulatinamente en la mayoría de los entramados urbanos de nuestro país, motivada tanto por la concentración de personas, como por el crecimiento natural de la población asentada, la ciudad multiplica muchas veces más su extensión.

A medida que se amplía la mancha urbana, y que la mayor parte de su superficie, incluidas calles, se cubre de concreto, se crea un sello que impide que los ciclos naturales del territorio se desarrollen de manera normal. Bajo millones de toneladas de concreto que las ciudades acumulan quedan atrapados estratos de suelo que apenas tienen contacto entre ellos, o con otro elemento vital para nuestra existencia: el agua.

El ciclo del agua es el motor que mantiene la vida en el planeta, y desde luego de él depende nuestra supervivencia como especie. Lo que le sucede a las ciudades cuando este ciclo se altera, es que se quedan cada vez más, fuera de la estructura natural de las cosas, se rompe la tectónica que ha favorecido el que nos podamos permanecer en un lugar determinado.

De forma que las ciudades actualmente se pueden entender como un obstáculo fabricado en materiales artificiales, que impiden la relación entre el agua y la tierra.

Este fenómeno termina por desatar otros tantos que suceden en este estrato intermedio artificial que hemos creado. Uno de ellos se le conoce como isla de calor, que consiste en que los materiales de tipo pétreo como las rocas y el concreto que hemos usado para edificar nuestras viviendas y pavimentar nuestras calles, absorben una gran cantidad de calor, para liberarlo paulatinamente después.

De forma que la inercia térmica de los materiales con que construimos las urbes, altera la relación metabólica del sistema vivo que es la ciudad. Como resultado, aún cuando el sol se oculte, nuestra vivienda, la calle o la plaza, liberarán calor muchas horas después, lo cual se percibe fácilmente cuando caminamos por la ciudad al atardecer, basta tocar una pared y comprobarlo.

A su vez, la falta de masa vegetal a lo largo y ancho de las urbes, hace que no exista por un lado sombras que limiten la absorción de calor por parte de elementos construido. Por otro lado, al no haber árboles, se pierde la oportunidad de que su follaje actué como regulador de temperatura, refrescando el aire que les circula, ayudando a disminuir la temperatura, mejorando la sensación de confort.

A este fenómeno producido por el impacto del sol en la mancha urbana hay que sumarle otro aún más radical; la presencia humana junto con las actividades que desarrollamos y que aportan también al efecto de calentamiento.

Prácticamente cada una de nuestras acciones resulta en la liberación de energía, particularmente el circular de miles de vehículos por las calles de la ciudad lo que resulta en el uso de motores de combustión interna, el desgaste llantas y la emisión de gases de efecto invernadero. Esta relación personas ciudad descontrolado en nuestros días, contribuye notablemente a transformar el medio ambiente en cuestión térmica.

De forma qué las ciudades y sus manchas de concreto se han convertido en radiadores poblados, donde las personas estamos cada vez más acaloradas e incómodas, lo que termina por limitad su productividad. Resulta urgente desarrollar estrategias en todos los sentidos que contribuyan a disminuir esta situación en favor de la habitabilidad y buena salud de las urbes, sus habitantes o visitantes, así como las actividades que estos realizan cada día.

 

@tavomad