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Oaxaca

Junio 18, 2013 Artículos, La ciudad es casa de todos Comentarios desactivados en Oaxaca

Oaxaca
La ciudad desigual

Habitamos un continente inmensamente rico en prácticamente cada aspecto del que podamos hacer referencia. Cuando se hace un balance general y macro de la realidad que afecta a los millones de latinoamericanos que habitamos de norte, centro y sur de América, notaremos que el balance es más menos positivo. Los grandes números casi siempre cuadran, pero a la escala de las personas no siempre es así.

América Latina no es una región pobre en lo económico. Por el contrario, muchas de las grandes economías se encuentran aquí y es uno de los polos de expansión y desarrollo más prometedores del planeta. Sin embargo esta condición no se ha distribuido de manera igual en los diversos grupos sociales que componen el espectro continental.

Somos también el continente más urbano del planeta. Junto con Canadá y Estados unidos, los dos gigantes Norteamericanos, agrupamos una población de 909 millones de personas, más o menos el 15% de la población total del planeta. De estos, el 82 % habita en ciudades de todos tamaños.

Por lo que la desigualdad en la distribución de la riqueza, en pocos contextos se refleja mejor que en las ciudades que abarcan nuestro territorio sin importar su escala. Una ciudad como Oaxaca, al sur de México, no es la excepción, sólo que aquí las evidencias de este desfase son más contundentes por lo grave de su estado general.

Oaxaca, junto con Guerrero y Chiapas, son los estados más pobres del país según las cifras que maneja el INEGI. Esta realidad, poco envidiable, se deja ver en sus ciudades capitales.

El que la capital de nuestro estado se encuentre al fondo de este listado acarrea una serie de graves consecuencias. Un reporte recientemente publicado esta vez por el CONAPO sobre el Índice de Marginación Urbana arroja números igualmente poco alentadores. Aunque editado este año, este Índice se armó con datos del Censo 2010 y manifiesta resultados que es importante tomar en cuenta.

Según la información que maneja el CONAPO, más de la mitad de la población de nuestra zona metropolitana, estimada en unos seiscientos mil habitantes, tiene un nivel alto o muy alto de marginación. Un 30 % está en el rango de marginación medio y sólo el 20% del total se ubica en el rubro del bajo o muy bajo. Hay que tener en cuenta que incluso una nota media en cuanto a este indicador no es un dato alentador.

La conclusión es que la ciudad de Oaxaca manifiesta una clara desigualdad social en cuanto a la calidad de vida de sus habitantes y las expectativas de futuro de los mismos. El asumir este estado y comprender la necesidad por generar cambios de fondo que reviertan estos números hacia un mejor estado de bienestar debiera ser un compromiso que nos lleve a una ruta constate hacia el progreso que anhelamos.

Las fórmulas no son simples y mucho menos inmediatas, pero requieren que a la brevedad se inicie un proceso de transformación en cuanto a objetivos y políticas públicas que impulsen el desarrollo metropolitano de la ciudad.

Quizás la primera tarea pendiente que tenemos hacia adelante es precisamente el reconocimiento de la escala misma de la ciudad y su problemática. Es imprescindible entender los procesos de interacción colectiva que los distintos municipios y unidades políticas que se integran en el territorio de la ciudad, así como buscar formas de organización que ayuden a su gobernanza y la toma de decisiones colectivas que afectan a todos los habitantes de la urbe en lo general.

La segunda tarea pendiente tiene que ver con la selección de los programas y proyectos de inversión que la ciudad requiere. Por largo tiempo hemos visto como en medio de las grandes crisis de sistema que sufren las urbes como la nuestra no hemos sido capaces de proponer un esquema de inversión en infraestructuras y servicios que atienda los grandes rezagos que la aqueja. De todos el más evidente e injusto seguramente es el acceso de agua potable de buena calidad.

La ciudad de Oaxaca de Juárez ha dejado ya hace un tiempo de ser un pueblo grande. Se trata de una ciudad complicada y polivalente que es necesario entender y administrar mejor. Sólo con trabajo en colectivo, un adecuado reconocimiento de sus problemas y la puesta en marcha de soluciones creativas y justas, tendremos la oportunidad de aspirar a reducir los niveles de desigualdad que muestran los números oficiales y que por crudos lastiman tanto.

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