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La cultura de la ciudad

Abril 30, 2014 La ciudad es casa de todos Comentarios desactivados en La cultura de la ciudad

Construcciones desde los de adentro

Las ciudades han sido históricamente una especie de arca donde se acumula todo tipo de cosas, desde objetos materiales hasta quizás el valor más importante con que una sociedad puede contar, el conocimiento. La sabiduría de los pueblos ha sido atesorada por su gente en construcciones y ciudades desde el principio de la vida urbana, las primeras ciudades ya eran decoradas con narrativas de los pueblos que las construyeron y habitaron.

Esta dinámica poco a cambiado a lo largo de los ya muchos siglos de vida urbana que hemos acumulado hasta la actualidad. Por el contrario las ciudades siguen siendo más que nunca el lugar de encuentro donde convergen las mentes más brillantes con que contamos, y por lo tanto, se afianzan como los lugares donde la actividad creadora y el conocimiento se desarrollan de manera más constante.

También aquí se manifiestan muchos de los rasgos culturales de nuestra sociedad, ya sea porque la migración depositó aquí hay personas venidas todos lados, o por qué las ciudades tienen sus formas de expresión propia. Hoy dominantes debido al número de personas que la habitan, la cultura urbana adquiere un sentido primordial y privilegiado para entender nuestra era.

Sin embargo pese a esto las expresiones culturales de la ciudad no han sido siempre bien atendidas ni comprendidas. Muchas veces siguen siendo soslayadas por las élites que les ven como una parte menor del compendio cultural clásico de las sociedades, o fuera del folclore tradicional.

La conceptualización que se ha denominado por distintos autores como “alta cultura” y su sobrevalorización ha atrapado a muchas expresiones cotidianas de las ciudades en un limbo sin salida ni valor del que no han logrado despojarse. La cultura sigue siendo una construcción social que imprimen los grupos de élite sobre las masas, tal y como lo describirían los pensadores materialistas hace más de cien años.

Pero el problema de esta visión más allá de que no todo mundo está dispuesto a aceptar las definiciones de las élites culturales, es que su idea no ha podido ser extendida sobre las masas como si lo ha hecho la cultura de los medios de comunicación masiva –élite que lucra con productos culturales no necesariamente de alta calidad–. La “alta cultura” no ha encontrado un camino que seduzca a los habitantes de la ciudad a involucrarse en sus programas y acontecimientos.

Quizás esta condición está impresa en la existencia misma de esta definición, pero quizás también esta desconexión se deriva de la falta de conocimiento de lo que la ciudad representa hoy día para sus habitantes, siempre en proceso de transformación.

Es complicado que las personas de a pié disfruten un concierto de música clásica, una exhibición plástica o una ópera o expresiones cinematográficas contemporáneas. Mucho del problema es que no existen recintos ni programas que difundan estas expresiones en los barrios y colonias pobres de las ciudades.

Los entramados urbanos contemporáneos de ciudades como las nuestras son el resultado de una infinidad de fenómenos sociales acontecidos en momentos más o menos definidos, que se han conformado en grandes superficies con grandes poblaciones en un tiempo bastante reducido. Dentro de ellos habitan una gran cantidad de personas que han padecido procesos de urbanización a veces muy violentos que han reducido sus vidas a una subsistencia cotidiana.

En ese ambiente la construcción y consumo de discursos culturales se vuelve un problema difícil de atacar, sobre todo cuando se desconoce el cómo se constituyen estas realidades al interior de los espacios que habitan y de los cuales han sido constructores. Como intentar participar en la vida cultural de estas comunidades si las desconocemos casi del todo.

Es por esto que en tiempos violentos como los que nos ha tocado vivir en encontrar, deberíamos estar en la búsqueda de una fórmula para que cada persona que habite la ciudad tenga acceso a las expresiones culturales máximas de nuestra sociedad. El verdadero secreto y la pregunta real es: ¿Cuáles deberían ser estas?

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