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La cultura de andar en bicicleta

Julio 11, 2014 Artículos, La ciudad es casa de todos Comentarios desactivados en La cultura de andar en bicicleta

Construir identidad

Con la llegada del siglo XXI se gestó una nueva ruptura en cuanto a los movimientos sociales y urbanos, parecida al impacto que causó la transformación urbana de la segunda mitad del siglo XX. En particular en esta nueva era, las ciudades retomaron una gran fuerza como formas de la expresión de una sociedad que igualmente se identifica más y más con el modelo de vida urbana.

Pese a sus parecidos y convergencias, ninguna ciudad es igual a la otra, tampoco sus expresiones lo son, aunque los tópicos suelen repetirse.

Uno de estos temas recurrentes tiene que ver con la construcción de una sociedad saludable. Lamentablemente hemos tocado piso en cuanto a la mala calidad de vida de las ciudades y los también malos hábitos cotidianos de quienes en la ciudad viven. Esto nos ha generado realidades que impactan el estado de nuestra economía y comprometen nuestro futuro.

Entre los hábitos más cotidianos que nos involucran como individuos destaca el tema de la alimentación, cosa que podemos regular desde nuestra casa y en nuestra vida diaria. Pero también otros como la movilidad o la participación en la toma de decisiones de lo que pasa en el medio ambiente urbano, es decir el cómo las personas se expresan transformando desde sus capacidades su entorno.

Así se van construyendo identidades culturales, que tarde o temprano terminan por redefinir el carácter de la ciudad, normalmente en un sentido positivo y constructivo.

Una de estas expresiones tiene que ver con el uso de la bicicleta como medio de transporte, que pese a lo que pudiéramos suponer, se va convirtiendo de a poco, no sólo en una forma de movilidad alternativa en las ciudades. También se transforma en una auténtica identidad, que pretende transmitir el mensaje de la vida saludable y responsable con el medio ambiente, amén de que es la forma en que miles de familias reducen el impacto en el gasto de movilidad.

La cultura del uso de la bicicleta como medio de transporte ha triunfado en muchos lugares, en parte por la potencia del movimiento social que implica. Pero también por las ventajas que representa para las ciudades que lo adoptan y lo toman seriamente como una solución a los crecientes problemas que enfrentan y que involucran a la movilidad y al transporte como factor o detonante.

Cada usuario de bicicleta no sólo es un individuo más sano, que representa una disminución en los riesgos de desarrollar enfermedades crónicas y por lo tanto una menor carga al sistema de salud estatal. Está también el hecho de que una bicicleta demanda mucha menor infraestructura y espacio que un automóvil; por cada ciclista que va por la ciudad, hay más espacio disponible y el desgaste de las superficies de rodamiento es igualmente menor.

Así que el que se construya una identidad alrededor de la bicicleta resulta de una gran rentabilidad para la ciudad que lo impulsa. Muchos son los casos que podemos mencionar, y prácticamente ninguno implica una reacción negativa hacia esta construcción social. Las bicicletas se ubican por todo el planeta y de a poco se extienden por nuestro continente ocupando más y más ciudades.

De los más inmediatos, podemos señalar sin duda alguna la Ciudad de México, donde una mezcla de edificación de infraestructura, bicicleta pública, pero sobre todo una política institucional hacia su uso, ha dado resultados increíbles. Hoy circulan sobre el Paseo de la Reforma 80 veces más ciclistas que antes del inicio del programa, el 70% de los usuarios de ECOBICI no habían usado antes una bicicleta de manera cotidiana, y la dinámica se expande.

Pero otras ciudades de nuestro país como Guadalajara, han iniciado una transformación paulatina en esa dirección, con la construcción de un sistema de ciclovías cada vez más completo.

El movimiento bicicletero o ciclista es sin duda uno de los que mayor bien hace a las ciudades. Su desarrollo e identificación con las urbes que lo acogen, genera una dinámica constante que debemos aprender a respetar y hasta integrar. Porque si nuestra sociedad opta por un modelo de movilidad sostenible, también estará optando por una ciudad mejor administrada y más justa para todos.

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